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Ejercicio y corazón

establecido de enfermedad coronaria, tienen un riesgo de morir de 2 a 10 veces mayor cuando son sedentarias. El sedentarismo se relaciona con el desarrollo de algunas condiciones que incrementan el riesgo de padecer enfermedad coronaria, los llamados factores de riesgo coronario, como la obesidad, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus y las dislipidemias. Por el contrario, la actividad física regular, incluso en cantidad moderada, tiene efectos benéficos sobre los factores de riesgo mencionados, previniendo la obesidad o ayudando a reducirla, disminuyendo los niveles de presión arterial y disminuyendo los niveles de azúcar y colesterol en la sangre. Los mecanismos mediante los cuales el ejercicio desarrolla su efecto protector sobre las arterias coronarias, se relacionan con la corrección de los factores de riesgo coronario ya mencionados, pero además contribuye con efectos benéficos directos, como el aumento del aporte de oxigeno al músculo cardiaco al aumentar el diámetro de las arterias coronarias, y la disminución de la facilidad de formar trombos o coágulos de sangre dentro de la luz de las arterias coronarias, al disminuir la viscosidad de la sangre y estimular el sistema de fibrinolisis que es el encargado de disolver los trombos ya formados, contribuyendo de esta forma a disminuir el riesgo de obstrucción de las arterias del corazón por trombos (coágulos de sangre), mecanismo implicado en el desarrollo del infarto cardiaco. El ejercicio no solo es útil en la prevención de enfermedad coronaria en la población general, sino también interviene en forma benéfica en el manejo de aquellas personas que han sufrido un infarto cardiaco. En este tipo de personas, la actividad física regular, disminuye en forma significativa la mortalidad de causas cardiacas y esta establecido que a nivel de las lesiones que producen obstrucción de las arterias del corazón, el ejercicio puede retardar su crecimiento o incluso en algunos casos se ha informado que puede disminuirlas de tamaño. Por todo lo mencionado, podemos afirmar que el ejercicio debe constituirse en uno de los pilares fundamentales de los programas de prevención de enfermedad de las arterias coronarias, habiendo sido demostrado que existe una relación directa entre su efecto benéfico y la frecuencia e intensidad con la cual se realiza la actividad física. La Asociación Americana del Corazón (AHA) recomienda en términos generales, que una persona adulta, debe realizar al menos 30 minutos de ejercicio físico moderado o intenso, por lo menos 5 veces por semana. Finalmente es importante tener en cuenta, que a pesar de los beneficios cardiacos derivados de la actividad física, debe tenerse precaución en recomendar actividad física a aquellas personas en las cuales se sospeche o se conozca que tienen alguna enfermedad cardiaca, debido a que existen ciertas enfermedades o condiciones cardiovasculares en las cuales el ejercicio de cierta intensidad, puede poner en peligro la vida de la persona, siendo en estos casos lo recomendable, que la actividad física sea autorizada, dirigida y vigilada por personal médico capacitado. Santiago Salazar Marín, MD. Director Médico

Instituto Cardiovascular de Risaralda

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